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Donde habitan los Mouros

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26 Agosto 2013
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Castros de Rias Baixas Gallegas

El mundo mágico de los Castros Gallegos


Las investigaciones históricas nos llevan a la conclusión de que, con toda probabilidad, los constructores de los castros gallegos llegaron desde el mar Caspio portando el hierro con ellos y que, alrededor del s.VII a. C., comenzaron la edificación de estos conjuntos arquitectónicos. En su diseño se tenían en cuenta elementos militares y económicos, pero también otros de carácter menos terrenal. El Consejo de Sabios, o el druida en su caso, tomaban la decisión de dónde situar el castro; se trataba de encontrar un lugar de poder telúrico, cargado de energía y orientado de acuerdo a sus necesidades. El poder de la Naturaleza debía poder manifestarse libremente. El hecho de que los castros se construyeran en zonas elevadas no atienden exclusivamente a una necesidad defensiva sino que también, según sus creencias, este elemento favorecía a mantener una mejor comunicación con sus dioses. Podríamos estar analizando fechas, números, evidencias arqueológicas…acerca de la historia de los castros gallegos durante años pero no sería suficiente para conocer todo lo que en realidad esconden.

La tradición oral es la verdadera responsable de que a día de hoy se conserven gran parte de las leyendas sobre los castros que la “Historia” no cuenta y que forman parte de la cultura asociada a ellos. Durante generaciones, los gallegos han narrado estas historias a sus hijos y nietos dotándoles de un toque mágico que las mantiene vivas.


Al caer la luz del sol las mouras se pasean por los castros

Según cuentan los ancianos, los castros gallegos tienen unos habitantes muy especiales: los mouros, seres de piel clara y cabello rubio con fantásticos poderes custodios de un magnífico tesoro. En palabras de Xosé M. González, autor de “Lendas galegas de tradición oral” (Galaxia, 2001): “parece evidente que en Galicia se asoció el mouro con lo extraño y lo antiguo, convirtiéndose de este modo los mouros de la tradición castrexa en una especie de tribu mágica a la que se atribuyen fenómenos sobrenaturales”. Pero no son los mouros los únicos habitantes mágicos de los castros gallegos, al caer la luz del sol también las mouras se pasean por los castros.

Las leyendas galaico-portuguesas describen las mouras como seres femeninos de gran belleza asociados a diferentes símbolos como el del mito de la serpiente.

Las mouras se sitúan cerca del agua donde lavan, tejen o se peinan con peines de oro. En la mitología asturiana podemos encontrar su equivalente en el personaje de la Xana o Lamia. Ofrecen una gran recompensa a aquel capaz de romper su hechizo. Si un hombre se encuentra con una moura será seducido por ella y solo podrá romper el encantamiento besándola o haciendo el ritual que ella le indique. Si logra romperlo, conseguirá casarse con la moura y poseer su tesoro.

Los mouros y mouras se consideran en la mitología popular los constructores de dólmenes, túmulos y castros. Por alguna razón que nadie conoce, los mouros de dedicaban a la metalurgia y a la orfebrería, entre otras artes, dentro de los muros del castro que nunca abandonaban.

El desarrollo del argumento en la mayoría de estas leyendas es prácticamente el mismo: el humano asume la misión de resolver el misterio que guarda el interior del castro para obtener su recompensa, el tesoro. Para ello, debe enfrentarse inevitablemente al reto que le propone el mouro o moura, cualquiera que pudiera ser éste.


A lenda da “moura”. Ilustración de Guillermo de la Peña

Sin embargo, no es sólo el argumento la única característica en común de las historias sobre castros gallegos, la aparición reiterada de algunos elementos simbólicos aportan un punto de vista más amplio sobre su posible significado: el tesoro, la serpiente y las "tesoiras" (tijeras en gallego) son quizá los símbolos que más se repiten:

- El tesoro. Simboliza el conocimiento. El enriquecimiento al que aspira el humano una vez resuelta su aventura es de índole espiritual, el oro como muestra de poder adquiere un valor mágico. No se trata más que del descubrimiento de la “Verdad”. En ocasiones, para poder acceder al tesoro, es necesario que se haga en una fecha concreta (la mayoría está de acuerdo en señalar la Noche de San Xoan como una de las más indicadas para tener éxito en la aventura) o tras un determinado ritual. Estos detalles nos acercan a los druidas fundadores, conocedores de la importancia del poder de la Naturaleza y de sus manifestaciones.


- Las tijeras. Como parte del tesoro, el humano a veces roba las tijeras al mouro para su propia desgracia. Las “tesoiras” se asocian al destino y a la posibilidad de cortar con ellas el hilo del porvenir.

- La serpiente. Es la guardiana del tesoro del castro. Es el obstáculo que debe superar el humano y para el que necesitará la ayuda de un mediador, como una “meiga” (bruja en gallego). Si hacemos un recorrido por las regiones celtas, podremos ver que la relación entre la serpiente y la mujer (también con la brujería) está presente en el contenido de muchas de sus leyendas locales imprimiéndolas de un importante sentido metafórico.

Para el filósofo e historiador rumano Mircea Eliade, el ofidio está vinculado, desde el neolítico, al triunfo del héroe varón en la prueba por conseguir a la hembra, “lo que supone la victoria frente a las fuerzas del mal. La serpiente simboliza aquí lo infrahumano”. Sin embargo, en la tradición gallega no siempre existe esta vinculación, lo que nos lleva a pensar en algún otro tipo de relación entre la serpiente y los habitantes prehistóricos de los castros.


A Pedra da Serpe, Laxe (A Coruña)

Diversas investigaciones señalan que la figura de la serpiente fue clave en el desarrollo de una liturgia de carácter animista y apoyan sus argumentos en la existencia de “evidencias” como el monolito conocido como “A Pedra da Serpe” (la piedra de la serpiente) que podemos encontrar en Laxe (A Coruña). La serpiente representada tiene una dimensión de 1,5 x 0.20 mtrs. y aparece enroscada y dejando la cabeza apoyada en el cuerpo. Lo más interesante es que es una serpiente alada, con las alas desplegadas. Hoy día tiene sobre ella una gran cruz símbolo de su posterior cristianización.

No todos los estudiosos del tema se ponen de acuerdo en el origen del monolito: algunos lo consideran una talla prehistórica procedente de la cultura celta de inspiración druídica, otros afirman que se trata de un altar prerromano cristianizado, y otros, como el historiador y etnógrafo Bouza Brei, piensan que se trata de una expresión protohistórica. A pesar de la diversidad de opiniones al respecto, el hecho es que la serpiente alada no es un elemento especialmente común en el arte occidental. Para encontrar posibles relaciones o referencias tenemos que acudir a las de base helenística o buscar aún más allá para cruzarnos con Quetzalcóatl, la serpiente emplumada de la cultura precolombina.

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